Oratoria y Retórica en la Antigua Grecia: Lisias, Isócrates, Demóstenes
Definición y Orígenes
La oratoria es el arte de hablar en público según una serie de reglas, cuyas técnicas constituyen el discurso, con la finalidad de convencer a un auditorio. La retórica es parte integral de la oratoria, centrada en el estudio concreto de estas técnicas.
Solo en el siglo V a.C. la oratoria se convirtió en género literario. Su mayor logro y desarrollo se dio en el s. IV a.C. El orador es un artífice de la palabra. Su arma es la persuasión. En esto influyeron decisivamente la consolidación de la democracia ateniense y la labor de los sofistas, que popularizaron el estudio de la oratoria. Las enseñanzas de los sofistas hicieron de la oratoria y la retórica parte fundamental de su labor profesional. Fueron también los auténticos fundadores de la enseñanza superior en la antigüedad, que se centraba en el dominio de las técnicas del discurso.
Partes del Discurso
El discurso consta de 4 partes:
- Prooímion o introducción: Para atraer la atención del tribunal y predisponerlo favorablemente hacia la causa que defendía el orador.
- Diégesis o narración: Exposición breve de los hechos que se juzgaban. Es la parte central donde se ordenan las ideas por sistemas de contraste, coordinación y yuxtaposición.
- Pístis o prueba: Exposición de los argumentos o pruebas que apoyan la defensa.
- Epílogos o conclusión: Resumen de lo expuesto para apelar a los sentimientos del jurado.
La forma es primordial. Requiere corrección, claridad y que el orador sea un buen actor, expresándose eficazmente de forma oral.
Tipos de Discurso y Oradores
Destacan la oratoria judicial de Lisias, la epidíctica de Isócrates y la política de Demóstenes.
Lisias
Se conservan 35 discursos, la mayoría judiciales, escritos como logógrafo para diversos clientes. El más conocido es Contra Eratóstenes, una acusación propia de Lisias contra uno de los Treinta Tiranos. Su estilo es sencillo y natural, destacando su capacidad para el retrato de personajes.
Isócrates
Cultivó el género de los discursos epidícticos, aunque nunca llegó a pronunciarlos en público. Abrió una escuela de retórica. Como orador epidíctico, escribió sus discursos tras una cuidadosa elaboración.
Obras Destacadas
La Antídosis, defensa de su vida y pensamiento. El Panegírico y el Panatenaico, donde abogaba por la unión de todos los griegos bajo la hegemonía ateniense para luchar contra los persas. Al final de su vida, reconoció que Grecia necesitaba la guía de Filipo de Macedonia.
Demóstenes
Considerado el mejor orador griego. Comenzó cultivando la oratoria judicial, género al que se vio abocado por la necesidad de reclamar la herencia paterna. Sus discursos más destacados son los políticos, en los que intentaba concienciar a sus conciudadanos de la amenaza que suponía para la libertad ateniense y griega la figura de Filipo de Macedonia. Cuando la amenaza fue evidente, contribuyó a unir a todos los griegos para hacerle frente. La derrota griega en Queronea hizo inútiles sus esfuerzos.
Obras Destacadas
Las cuatro Filípicas, que advierten del peligro que representaba el rey macedonio. Sobre la falsa embajada, acusando a Esquines. Sobre la corona, donde defiende la legalidad de una propuesta de Ctesifonte ante la asamblea. Tradicionalmente es presentado como uno de los mejores estilistas de la prosa griega. Su discurso es serio y apasionado, con fina ironía, irritación y sarcasmo; el humor no suele estar presente. Su estilo, a veces difícil de entender, emplea el dialecto ático, un vocabulario literario y vívido, y constantes llamadas al auditorio. No es partidario de esquemas rígidos ni de periodos sintácticos cerrados. Fascinó a autores latinos como Catón, Cicerón y Quintiliano.